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  • Roxana Vega Alabarce

¿Padres o esposos separados?

En nuestro país según los últimos informes, uno de cada tres matrimonios se separa, ya sea a través de nulidad, o sólo de hecho. Un estudio realizado en Santiago reveló que un 15% de las parejas con hijos en edad escolar se separa. ¿Pero quién es la verdadera víctima en todo esto? Si bien en una crisis familiar que acarrea un rompimiento de vínculos resulta frustrante para todos los miembros del grupo y que en ocasiones crea experiencias fuertemente traumáticas (peleas, insultos, golpes), es evidente que los más inocentes y con menos medios para enfrentar una situación como ésta, siendo sólo observadores impotentes de actuar, son los niños.

Dentro de los efectos de una ruptura matrimonial y la falta de habilidad de los padres en la resolución del problema, se crean condiciones que favorecen tanto el maltrato físico, el abandono y el maltrato emocional entre los miembros de la familia. Se entiende por maltrato emocional la acción de hostigar verbalmente a través de insultos, críticas, ridiculizaciones, así también como la indiferencia, rechazo tanto implícito como explícito y niños testigos de violencia en el seno de su propia familia. No hay nada más violento para un niño que ver que sus padres se agreden tanto física como verbalmente.

En la práctica clínica se observa que los niños sometidos a esta experiencia estresante pueden desarrollar disfunciones psicológicas como: ansiedad de separación, retraso en el crecimiento y desarrollo intelectual, hiperactividad, conductas autodestructivas, depresión infantil, agresividad, retraso en el rendimiento escolar, conductas regresivas, baja autoestima y enfermedades psicosomáticas entre otras.

Un factor agravante en esta ya difícil situación para la familia es la confusión de planos relacionales. Ser padres - ser esposos. Esta falta de distinción contribuye a una errada percepción del problema. Cuando una pareja se separa, lo que realmente sucede es que se han separado los cónyuges como pareja y no los padres, ya que esta noble función es ineludible y es para toda la vida. Que los padres sigan disponibles para sus hijos, independientemente de su separación de como esposos, ayuda en la estabilidad emocional de los niños y aminora el impacto y el cambio que significa la experiencia de separación.

Establecer esta distinción es ya una intervención terapéutica y es vital para la salud mental de nuestros hijos ya que permite cambiar la percepción, la emoción y el significado de la experiencia de la separación de los esposos. Se percibe distintamente la frase: "Los padres se separan que la de: los esposos se separan".

Esta distinción puede hacer reflexionar a más de un padre o una madre que está pasando por esta experiencia y con ello respetar los derechos del niño que además de ser víctima de la penosa realidad de la pérdida de su familia nuclear se ve involucrado en dinámicas que no corresponden ni a su madurez emocional, ni física, ni cognitiva. Establecer esta simple distinción en nuestro lenguaje cotidiano contribuirá en el futuro bienestar de la sociedad pensando que los niños de hoy serán los adultos de mañana.

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