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  • Roxana Vega Alabarce

Autoestima: profunda víctima del maltrato

La autoestima es el valor que se tiene de uno mismo. Determinante importante de como nos percibimos como nos comportamos y como nos enfrentamos a nuestra existencia.

Si bien la autoestima es un proceso continuo durante toda la vida, es durante los primero 6 años de vida, que se forma el material básico, donde se guardan los primeros sentimientos, creencias y recuerdos. Los primeros mensajes son los que quedarán de forma más profunda en el niño. El niño es el que organiza estas primeras experiencias y una vez formado este material, lo convierte en el filtro a través del cual pasarán todas las experiencias posteriores. Como si colocáramos un filtro coloreado y todo lo que viéramos estuviera teñido de su color.

Un niño al nacer no nace con sentimientos negativos a cerca de sí mismo. La calidad del trato que reciba de sus padres o de las personas encargadas de su cuidado, será el referente a cerca de su valor e importancia en el mundo.

Los niños pre-escolares no piensan como los adultos, no pueden hacer distinciones; recordemos que el niño comienza a pensar a medida que va adquiriendo lenguaje, de una manera muy primitiva, egocéntrica, concreta y mágica. Los niños al personalizar todo por su etapa de madurez, no son capaces de ponerse en el lugar del adulto.

Es decir, si mis padres no me quieren, nadie me puede querer y si no me quieren, es por que yo soy tonto…si no juega o no tiene tiempo para mi es por que yo no soy importante…Es la forma que tiene el niño de interpretar la mayoría de los abusos que sufre.

Cuando cometemos maltratos como criticar, humillar y descalificar, enviamos mensajes destructivos para el propio auto concepto. Eres tonto, incapaz, feo… Mensajes que se forman y refuerzan según se van repitiendo, como una profecía auto-cumplida, es decir: como soy tonto, incapaz, feo, me comporto en consecuencia de como me definen mis seres queridos.

Es importante recordar que la severidad, el perfeccionismo y el exceso control hacia nuestros niños, generan sentimientos de imperfección; una sensación de que haga lo que haga, siempre estaré mal… de que no soy capaz. Esta sensación interna se mantiene independiente de los logros que la persona pueda alcanzar.

Así como adecuadas experiencias infantiles forman mecanismos psicológicos adaptativos para el buen concepto de si mismo, los distintos maltratos van formando en el niño sentimientos de vergüenza recurrente, es decir una sensación de ser inadecuado, de que existe algo mal en uno, defectuoso y que no se puede hacer nada para cambiarlo.

Cuando se maltrata a un niño o se le avergüenza, su confianza y entrega se deterioran. El vínculo que le permitía tener fe y optimismo, se va volviendo ansioso y temeroso. Por el contrario, si un niño se percibe a si mismo como querible, inteligente, simpático y capaz va a interactuar con otros niños sintiéndose valorado, inteligente, con simpatía y capacitado. Generará vínculos saludables tanto con los otros como consigo mismo…


Papas: no olvidemos que las palabras generan sentimientos y que a mayor cantidad de maltratos, más baja autoestima. Es importante entonces que nos ocupemos AHORA de nutrir sanamente la autoestima de nuestros hijos. Démosles confianza, apoyemos su autonomía, voluntad e iniciativa con limites saludables, no generadores de vergüenza ni daño a la importancia de su ser y de su estar en este mundo, al que nosotros responsablemente los hemos invitado a participar.

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